LA MUERTE NOS ACECHA…

Posted on 10 junio 2009


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Por Jenu

La muerte nos acecha, nos persigue a lo largo de nuestra vida, incansable… y lo peor de todo, que siempre consigue alcanzarnos.

Muchas de las veces es injusta, llega a destiempo, cuando más planes tenemos para la vida. A ella le da igual, es una egoísta, una estúpida.

Los curas nos dicen “que Dios así lo ha dispuesto” y  “que tiene un lugar mejor para nosotros”. Sin embargo, ni ellos mismos, con lo que saben, que hasta el latín dominan,  son conscientes del camino que tomaremos, y siendo tan complejo, los posibles destinos lo resumen en dos; el cielo y el infierno,  como si eso fuera tan sencillo como para simplificarlo tanto. Por esa regla, lo simplifico yo aún más; Nicho o horno, sí porque ya que los pobres no somos merecedores de panteones familiares ni cosas de esas.

Si existiera Dios, seguro que sería malo. Que nadie se alarme, que no cunda el pánico entre las multitudes, no es ni una blasfemia ni ofensa a ese ser al que salvo Santa Teresa  de Jesús, tocaya mía por la parte que me toca, y Fray Luís de León, muy pocos, muy poquitos lo han visto, ni estándo bajo los efectos del LSD. Seguidamente verán porqué digo esto, que se podría catalogar de una ofensa a Dios, como si todos, cristianos y maleantes, no nos cagasemos en Dios un día sí y el otro también, aunque en algunos casos, de manera muy cariñosa, que se da, sobre todo es costumbre en Andalucía.

La muerte se lleva siempre en general a gente buena, salvo escasas y “justificadas excepciones”.

No me entra en la cabeza que se lleve con el a criaturas que comienzan a vivir, a madres con responsabilidades, y a tanta gente que no ha tenido tiempo ni sabe ni ha pecado jamás, no lo entiendo. ¿Qué nos quieren vender los católicos? Se lleva a mucha gente buena que se ha pasado todo el tiempo haciendo cosas buenas; criando a los hijos e hijas de otros, salvando vidas en los incendios, de los ríos, de los mares…

La muerte es el final de la vida, y ya está. Tenemos fecha de caducidad, somos perecederos, mortales, de los que mueren llegado el momento. Somos una compleja maquina que se deteriora y ya no sirve absolutamente para nada, como mucho, para la ciencia, y para hacerle la puñeta a las funerarias, que nos desean larga vida, para que estemos pagando nuestro entierro por los siglos de los siglos…

Una vez que cumplimos una determinada edad, asistimos solidariamente a todos cuantos entierros se nos presentan, sean estos de conocidos, familiares, amigos y hasta de desconocidos. Nos vamos mentalizando de muchas cosas, y la verdad es que es entonces cuando nos damos cuenta que nuestro paso por este vía crucis, por esta selva, por este cenagal, por este  paño de lágrimas, por esta mierda de vida, que es prestada, que es tan solo temporal, y todo ese tiempo en el que podíamos  haberle hecho la vida imposible a nuestra pareja, a nuestros amigos, vecinos, conocidos y desconocidos… Decidimos mejor, dedicarlo a escribir nuestras intenciones, nuestros deseos, y como mucho, el dejar constancia de que podíamos haberlo llevado a cabo, y sin embargo, lo anotamos en nuestro cuaderno de campo, para así, el que lo lea, no cometa errores, y que nunca lo haga por conseguir un sitio en el cielo, por trescientas vírgenes en el paraíso o un televisor de pantalla plana, que lo haga por el mismo, y por la gente que le rodea, que tiene las mismas papeletas para un futuro, que unas veces está más lejos y otras, muy cerquita, algo así como a la vuelta de cualquier esquina.

Ocurre también al contrario, que somos nosotros los que la buscamos a ella. Nos suicidamos, perdemos los papeles y  a la vez la vida. Esto tiene que ser tremendo. Para que alguien haga esto, tiene que estar rozando cualquier extremo, rayando los confines de la amargura más absoluta, sacando fuerzas de sus flaquezas, y siendo valiente dentro de su cobardía a la hora de abordar sus miedos, sus problemas de distinta índole, algo así como no ver más allá del precipicio, que si saltas eres libre, y si no, esclavo de la amargura, la desesperación, como un muerto en vida. Hay quien busca la salida de esta manera en fracasos amorosos, financieros, por enfermedad, por no ser una carga para la familia en caso de vejez, invalidez …

La vida hay que consumirla hasta el final, ni por ser un pecado lo contrario, ni por ir contranatural, ni por que es así. La vida hay que vivirla porque es tuya, (aunque por esa regla como es tuya puedas hacer lo contrario) porque tiene muchas cosas buenas, de las malas sacas experiencia, es entretenida, tiene sus emociones,  los amores que dejan huella, la buena cocina, esos lugares de ensueño, tu mascota, ver crecer a tus hijos, a tus sobrinillos, la sensación de volar, leer un buen libro, ver una buena película, una interesante tertulia, un partido de fútbol…

Todo eso y mucho más, es la vida. Que no esté en tus manos perderla, que sea ella misma la que decida, cuando guste, cuando le salga del alma. Tú serás su vehículo, ella te conducirá por el camino que se tercie, y si pretende torcerse, ahí estás tú, para bloquear las bielas, para que salten las correas. Que sea ella la que te abandone, no porque Dios quiera, si no por puro cumplimiento de tu contrato con ella, que sea lo más tarde posible, cuando todos tus proyectos, cuando todos tus sueños se hayan cumplido.

 

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