LA TUMBA DE MI MADRE. Un bonito y entrañable poema de Élgida Avila

Posted on 13 octubre 2009


Foto mía

 

 

 

 

 

Por Jenu

 

 “Una gran escritora, una gran amiga, una buena madre, y sobre todo, una buena hija”

La muerte de una madre es la pérdida más grande que un ser vivo pueda sufrir, lo más doloroso, es como si parte de uno mismo se va de repente. Notas que te falta algo,  hay un vacío en tu alma, te supera, te sobrepasa, te sientes de repente huérfano, vacío.

Me quedo con ese tiempo vivido cuando yo era tan vulnerable, tan poquita cosa para todos, tan grande para ella. Sus broncas, sus caricias, sus guisos…

En la foto aparece el lugar donde descansan sus restos. Ella me decía poco antes de morir “Me gustaría ser incinerada. No vaya a volver a la vida y encontrarme encerrada en un nicho” “Me gustaría que mis cenizas sean enterradas en un lugar bonito, donde hayan muchas flores, mucha hierba, donde se oiga el rumor del agua y el canto de los pajarillos. Tú te encargas…” Yo le decía que no pensara en eso, que tardaría en suceder. Lo que no me dí cuenta, o no quise hacerlo, es que mi madre, María es su nombre, tenía ochenta y nueve años, y que ese momento a cierta edad, se percibe su llegada, se da uno cuenta que el tiempo apremia, que la vida se va como se va un viajero.

Y como a mí me encanta la montaña, el rumor del agua, las flores,la hierba verde y fresca, el canto de los pajarillos… localicé un sitio en plena Sierra de Grazalema, concretamente en Benahoján, un paraiso para una madre que ahora forma parte de la naturaleza, y siempre del corazón de un hijo.

Elgida Avila, como siempre con su poder creativo, con su gran corazón, su sensibilidad, su amor a su madre fallecida, su amistad incondicional, nos brinda ésta que es preciosa, breve pero tierna, breve pero grande, como el amor de una madre. Esta breve, aunque extensa  historia con una gran carga emocional, me ha recordado la pérdida de la mía, por eso me ha hecho rememorar momentos vividos junto a ella, junto a esa vulnerable criatura en el ocaso de su vida, otrora fuerte y luchadora,  la que nunca olvido, la que siempre estará conmigo, la que me emociona cuando la recuerdo, la misma con la que aún hablo, a la que recurro cuando la necesito, la más guapa, la más coqueta, mi madre.

Cascada1Élgida Avila

                                                                                                                    Élgida Avila

  La tumba de mi madre

Cae la lluvia sobre la tumba de mi madre y sobre mis vísceras, del corazón mana la sangre.

   Cae la noche sobre la tumba de mi madre y el filo de una daga, corta sin piedad mi carne.

Veo como se hunde la tumba de mi madre y un rayo cercena de cuajo mi raíz que arde.

Quema la tierra sobre la tumba de mi madre y creo que el infierno en su fuego va a quemarme.

Duerme el tiempo sobre la tumba de mi madre pero mientras yo tenga vida nunca voy a olvidarme.

Élgida Avila

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