Cayetano se cae del caballo

Posted on 21 diciembre 2011


Del blog Línea 2

Teresa López Pavón

Jefe sección Sevilla de EL MUNDO de Andalucía

 

No estoy por la labor de creerme que el aristócrata se ha hecho de izquierdas; ni que, de la noche a la mañana, el conde de Salvatierra, Cayetano Martínez de Irujo, va a abrazar la religión de los ocupadores de fincas al grito de ‘la tierra para el que la trabaja’.

Pero justo es reconocer que lo que Sánchez Gordillo y su tropa han conseguido en una mañana no lo logró la fallida reforma agraria de la Junta de Andalucía en décadas -ahora que el IARA (esa otra gran terrateniente del sur) pretende vender los campos que en algún momento de la transición expropió el gobierno socialista-.

Cayetano ha pasado en apenas unos días de despreciar a la clase jornalera andaluza en el programa de Jordi Évole, el follonero, a posar en su finca de Las Arroyuelas junto a sus líderes más mediáticos y carismáticos, Juan Manuel Sánchez Gordillo y Diego Cañamero. Martínez de Irujo ha viajado del exabrupto clasista contra el bracero andaluz a la declaración de amor incondicional (tan injusto el primero como excesiva la segunda), en una conversión sólo comparable en rapidez y distancia recorrida con la de San Pablo. Cayetano se ha caído del caballo, nunca mejor dicho, teniendo en cuenta la pasión por la hípica del personaje.

El conde les ha ofrecido a los sindicalistas del SAT financiación para la construcción de un centro de formación de jóvenes jornaleros y colaboración para la comercialización de los productos elaborados en la cooperativa El Humoso, el símbolo de la lucha por el control de la tierra en Marinaleda.

Objetivo cumplido pues: Cayetano lava la imagen de la Casa de Alba, en tiempos poco propicios para alardear de la riqueza y los privilegios; y el SAT renueva su currículum de martillo de terratenientes. El conde ha puesto un pobre en su finca en vísperas navideñas y Sánchez Gordillo pega un salto considerable hacia la renovación de su acta de diputado en el Parlamento andaluz en vísperas electorales. Todos contentos. 

Aristócratas y jornaleros, unidos ahora en el horror vacui del fin de las ayudas vinculadas a las políticas agrarias comunitarias. Que ésa y no otra es la cuestión.

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