Cádiz 18 de Octubre de 1811. Las crónicas de Cádiz

Posted on 25 marzo 2012


Resumen capítulo anterior: Zaldivar, Peinado, Zárate y Fernando Toro, entre otros tantos hombres valientes, jalean de forma intensa a todos los aldeanos a que tomen las armas y se levanten contra los franceses.  Adecuada la posición de esta sierra para la comunicación abierta con los ingleses que desde Gibraltar podían ayudar a los grupos levantados hacia Jimena, el camino hacia la sierra de Grazalema y Ronda era fácil y posible. 

Tres mil infantes y mil jinetes mandados por Girard están en Cáceres. Su misión es cortar e impedir la entrada de aprovisionamiento al quinto ejército español que manda el general Castaños. El Vizconde de Wellington que se encuentran con sus tropas en el Alentejo portugués, está presto a poder ayudar a Castaños. Ha sido Hill, el que ha atendido a la petición de Castaños reuniéndose con este en Aliseda y cinco mil hombres más al mando del general Girón. Su aportación ha aumentado el número de aliados a diez mil.
Mérida es el punto en el que se están replegando los ejércitos franceses, que perseguidos por los aliados desde octubre están siendo cercados por Giraud y los dos mil seiscientos hombres que acampan en Arroyo Dos Molinos. La refriega es digna de ser contada. Hill, ocultó su ejército en una especie de hondonada muy cerca del pueblo. Al amanecer, Gerard abandona la aldea y es sorprendió en una emboscada de los aliados que los atacan por todos lados y aunque se defendieron hasta la muerte, una carga de caballería los arrolló. A la sierra de Montsánchez huyó  el general Girard, sin  importarle los más de dos mil franceses que dejó en el campo de batalla. Entre estos hombres heridos y muertos, el general Brun que junto a las banderas francesas dieron por pérdida la lucha.
Cáceres ha sido el lugar elegido para la retirada de los españoles mientras ingleses y portugueses marchan hacía Portugal aunque fueron perseguidos por el general Drouet con un gran ejército.
Leía este texto a María, mientras llovía de forma intensa en esta ciudad de Cádiz y rememoraba las palabras de honor y de honra de los generales franceses. La soberbia de las palabras de Napoleón y de sus vasallos, mientras, quizás cansados por la larga guerra sin tregua, no temen ser considerados traidores y deshonrados exhaustos y agotados.
Los días se prolongan y aunque el bombardeo desde el frente de la bahía no cesa,  e incluso en los últimos días se ha recrudecido, la vida transcurre sin grandes sobresaltos. El frio de este cercano invierno, un invierno más en guerra, impide que Eduardo salga al cercano paseo de las Delicias a tomar el sol, y María intenta ocupar su tiempo en casa, contando historias pasadas
Las Cortes prosiguen con la redacción de la Constitución. En estos últimos días, la discusión se centra en lo concerniente al Rey, cuales son sus restricciones, cuales sus deberes y cuales sus obligaciones. Se hace raro escuchar hablar de un monarca ausente.  Un Rey al que no sabemos que le parecerá todas estas sesiones que pretenden convertir a sus súbditos en ciudadanos, y al que pretenden arrebatar sus poderes y separarlos conforme a las ideas de Montesquieu.
El Rey no puede impedir bajo ningún pretexto la celebración de las Cortes,  ni suspenderlas, ni disolverlas, ni entrometerse en sus decisiones o deliberaciones. Cualquier persona que les auxiliara a esto, serán desde el momento en que esta Carta se apruebe, considerados traidores. De la misma forma, el monarca no puede ausentarse del Reino sin que las Cortes lo consientan, si esto sucede, el monarca habrá abdicado. En tercer lugar quedó aprobado, el que el Rey no pueda enajenar, ceder o renunciar a otra persona la autoridad Real, y si abdica y pasa a su sucesor necesitará el consentimiento de las Cortes. En relación con esto, tampoco puede ceder o cambiar ninguna provincia del Reino, como no puede hacer tratados especiales ni realizar alianza con ningún país sin que las Cortes lo aprueben. Tampoco prestar subsidios por decisión propia.
Todos los impuestos, contribuciones que se exijan a la población deberán hacerse por decreto de las Cortes y no por decisión propia del Rey.
Los monarcas españoles, acostumbrados hasta hoy a conceder privilegios a personas y corporaciones por decisión propia, cesaran de hacerlo, siendo las Cortes las que darán y asignaran estas concesiones.  Se acabaron aquellos tiempos en que los Reyes de España usurparon tierras y riquezas en nombre de la patria de quienes se les antojaron. Ahora, cualquier aprovechamiento de la propiedad de un particular deberá ser hecho a cambio de una indemnización.
Cesa del mismo modo el poder judicial en manos de los monarcas. La privación de libertad de un individuo, no puede imponerla el Rey. El Secretario del  Despacho firmará la orden y el juez la ejecutará.
Otras decisiones aprobadas en estos días y que respectan a la figura del Rey, hacen mención a la necesidad de que las Cortes den el consentimiento a su matrimonio. Que deberá ser el que nombre a los magistrados de todos los tribunales civiles, y proveer los empleos civiles y militares al igual que deberá proponer a los obispo y otras dignidades eclesiásticas. Mandará los ejércitos y armada, nombrará a los generales y dispondrá de las Fuerzas Armadas como crea que más convenga.
Será el responsable de dirigir las relaciones diplomáticas y comerciales con otros países, nombrando a los embajadores y cónsules. Cuidará de la fabricación de la moneda donde se grabará su busto y su nombre. Podrá indultar a los reos con arreglo a las leyes  y proponer a las Cortes las propuestas de leyes o reformas que crea positiva para la Nación.
Nos hemos hecho eco en el Conciso de las insinuaciones que el padre Cobos ha hecho sobre el mal estado en que se encuentran los ejércitos y se pregunta cuales son los motivos que hacen que ni las Cortes ni la Regencia providencien y ejecuten cuanto sea necesario para el socorro de los defensores de la Patria. – El gobierno debiera disponer hasta de la camisa que llevamos puesta y sería indigno de ser llamado español el que se negara a darla.

  Diego de Ustáriz
Continuará

Fuente:Diariodecadiz/MAquet/ErDesvan.com/Foto: EL Asedio de Arturo Pérez Reverte
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Posted in: Cádiz, La pepa