ErDesvan.com De Cine… Hoy les presentamos “Identidad” de James Mangold.

Posted on 28 julio 2012


IDENTIDAD (Identity)


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Dirección: James Mangold. País: USA. Año:2003. Duración: 90 min. Interpretación: John Cusack (Ed), Ray Liotta (Rhodes), Amanda Peet (Paris), John Hawkes (Larry), Alfred Molina (Doctor), Clea DuVall (Ginny), Rebecca DeMornay (Caroline Suzanne), John C. McGinley (George York), William Lee Scott (Lou), Jake Busey (Robert Maine), Pruitt Taylor Vince (Malcolm Rivers). Guión: Michael Cooney. Producción: Kathy Konrad. Música: Alan Silvestri. Fotografía: Phedon Papamichael. Montaje: David Brenner. Diseño de producción: Mark Friedberg. Dirección artística: Jess Gonchor. Vestuario: Arianne Phillips. Estreno en USA: 23 Abril 2003. Estreno en España:12 Septiembre 2003.

CRÍTICA por David Garrido

Jugueteando con el espectador

  ¿Qué espera un espectador que acude a ver una película como “Identidad”? Suponiendo que ha entrado en la sala con un mínimo de información sobre ella ( y no porque no queden entradas para la otra película que quería ver en un principio) probablemente estará al tanto de que, como se ha dicho hasta la saciedad, estamos ante una mezcla de una novela de Agatha Christie (“Diez Negritos”) y una famosa película de Hitchcock (“Psicosis”). Y lo cierto es que el planteamiento inicial de la película, que arranca de forma brillante aprovechando de forma nada disimulada los recursos narrativos de una película tan innovadora como “Memento” para presentar a los distintos personajes y los débiles pero firmes hilos que los atrapan en la enredada tela de araña en que se convierte el Motel Bates en el que se alojan parecen confirmar dichas previsiones: diez perso-najes que van siendo asesinados uno a uno en una noche infernal de tormenta. Así que el espectador sabe de antemano que “Identi-dad” es una de esas películas que invita a jugar con ella des-de el principio hasta el desenlace, por más que el especta-dor sea consciente de que, si el film se lo propone, será im-posible anticiparse en todo al resultado final de la historia.

  James Mangold introduce con habilidad dos elementos que permiten al espectador optar por dos maneras de disfrutar del juego de la película: por un lado, construye unos inquietantes y muy jugosos títulos de crédito en los que aparentemente se dan una serie de pistas que ponen alerta al es-pectador, que aún no sabe qué hacer con las primeras piezas del puzzle; por otra parte, al mismo tiempo que ese grupo de personajes va llegando al motel y empiezan los asesinatos, hay una historia en paralelo sobre una vista que tiene lugar esa misma no-che en la que un juez ha de sopesar las alegaciones de un conde-nado a muerte cuya sentencia se ejecutará al día siguiente. Así las cosas, al espectador se le abren dos líneas de investigación: una, más evidente, es la vieja cuestión de quién de los diez personajes es el asesino del motel; otra, más sutil, consiste en preguntarse constantemente qué relación existe entre la vista judicial, la infor-mación de los títulos de crédito y los acontecimientos cada vez más extraños del motel, donde los giros de guión y las sorpresas se van acumulando de forma progresiva.

  A menudo se ha afirmado en los últimos tiempos que en el cine ya está todo inventado y que cada vez resulta más y más difícil sorprender al espectador, y algo de razón hay en esa afirmación. Pero también se puede optar por ver cómo se las ingenia un reali-zador para, con un material que a priori da la impresión de que no puede transitar por caminos más trillados, conseguir mantener el interés del público durante hora y media. En ese sentido, puede afirmarse que, con todos sus defectos (que los tiene), “Identi-dad” es una película que cumple a la perfección con el pri-mer objetivo que se propone: entretener con un producto co-nocido, sin que resulte tediosamente familiar al espectador. Para ello, Mangold cuenta con un par de ases en la manga bien jugados. Uno, el casting, que aunque poblado de rostros más o menos conocidos, no lo son tanto como para que uno pueda adivi-nar con facilidad quién va a ser el siguiente en caer o de qué forma y además poseen la suficiente ambigüedad para desconfiar de to-dos ellos, pues todos parecen tener motivos que podrían justificar su presumible condición de asesinos. Dos, la construcción de esos personajes por parte de Mangold es modélica, pues sin que el es-pectador disponga de una información demasiado precisa de los mismos, sí están definidos de forma suficiente para que uno trate de anticiparse a sus movimientos (de forma harto infructuosa, pero irresistiblemente divertida), con lo que entra de lleno en el juego que Mangold propone.

  El mayor acierto de Mangold es, una vez conseguida la total atención del espectador, juguetear alegremente con las expectativas del mismo de forma bastante perversa, ya que se permite una y otra vez soltar pistas que, dependiendo de la memoria ciné-fila y la capacidad de observación del mismo, hacen que llegue a conclusio-nes perfectamente lógicas pero que Mangold se complace en derrumbar de forma inmisericorde una y otra vez. Este juego con cierto ribete sádico para aquellos a quienes no nos gusta que las películas nos tomen el pelo por mucho que seamos conscientes de que, insisto, si una película se lo propone es algo imposible de evitar, está inteligentemente adornado con algún que otro susto más propio de una peli de terror de serie B, descacharrantes gotas de humor en forma de acumula-ción de gags macabros (hay un momento en que “Identidad” re-cuerda poderosamente la mala leche de “Very Bad Things“, aquella comedia negrísima de Peter Berg con Cameron Diaz) y una progre-siva sensación de irrealidad que despista al más voluntarioso.

Es cuando el espectador ya se ve envuelto en el caos que la película muestra sus cartas ocultas

Y cuando el espectador se en-cuentra al borde mismo de creer-se en medio de un episodio de “En Los Límites De La Realidad” por la absoluta falta de lógica y el caos que se apoderan de la pan-talla, Mangold muestra sus cartas y se saca de la manga una solu-ción que, pese a su innegable condición de rebuscada y bastan-te tramposa, permite al espectador atar los hilos de la historia. Eso sí, el problema inevitable de “Identidad” (y en esto a Mangold y su guionista Michael Cooney no les habría ido nada mal haber apren-dido un par de lecciones de M. Night Shyamalan, por ejemplo) es que esta solución se muestra demasiado pronto. Eso provoca que todo el efecto acumulado de la primera hora y cuarto de película, en la que el espectador se ha afanado en atar cabos y anticiparse al devenir de la historia en medio de mucha tensión y gran entrete-nimiento, se diluya de forma irremediable en su tramo final, en el que, al contrario de lo anterior, todo resulta no sólo extremadamen-te previsible, sino reiterativo y poco inteligente, lo que se traduce en un regusto amargo a la salida del cine, donde se tiene la sensación de que han jugado brillantemente con uno en gran parte del plante-amiento y desarrollo de la película pero que la han resuelto de for-ma chapucera y torpe. Una vez más.

  Esto sucede por la inevitable y ho-rrenda costumbre de gran parte del ci-ne actual de no confiar en la inteligen-cia del espectador para rellenar por sí solito los posibles huecos de la histo-ria: se insiste en mostrar lo que no sólo no resulta preciso sino que perju-dica notablemente los logros de una película que en honor a la verdad re-sulta algo original y muy, muy entre-tenida. La realización de Mangold resulta impecable y los actores, te-niendo presente que no necesitan mostrar más allá de lo estricta-mente necesario para que la película funcione, cumplen más que sobradamente con su cometido, basculando entre lo eficaz y lo histriónico, algo que por cierto también ocurre en una película que se mueve necesariamente entre los recursos sutiles de guión y los burdos efectos visuales y de sonido en su doble objetivo de crear una ambientación y captar el interés del espectador. “Identi-dad”, en definitiva, se disfrutará en mayor o menor medida depen-diendo de la capacidad de juego del espectador y de su aceptación de la premisa que resuelve la trama. Pero no se puede negar que es un producto francamente entretenido y, con sus defectos, bien realizado.

Fuente: labutaca.net/Youtube/Maquet:ErDesvan.com/Jenu
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