Los nuevos pobres.

Posted on 27 diciembre 2012



ErDesvan.com/SOCIEDAD | La crisis los lleva a vivir de la caridad.

  • La crisis ha hecho aflorar una mayor demanda en los comedores sociales
  • Un comedor de Córdoba da turnos ante la avalancha de personas que piden ayuda
  • El perfil: Han perdido el trabajo y la casa y tienen familia a su cargo
  • Disminuyen los extranjeros que demandan ayuda social y aumentan los españoles

Rosa Jiménez | Córdoba.

Pasados los años de los nuevos ricos, nos toca ahora la época de los nuevos pobres. Durante los últimos cuatro años ha ido aparecido poco a poco en la sociedad un nuevo perfil de ciudadano, el del nuevo pobre. Se trata, generalmente, de personas que han tenido un trabajo y unas condiciones de vida dignas y que han sufrido, a raíz de la crisis económica, la pérdida de todo ello, por lo que se han visto abocados a vivir de la caridad de los demás. El aumento de las personas que se engloban dentro de este nuevo perfil se ha notado especialmente en los comedores sociales, donde diariamente cientos de ellos acuden a pedir ayuda.

Este es el caso del Comedor Social de los Trinitarios que desde el año 1989 viene prestando diariamente su ayuda a los más necesitados. A partir de 2005, la fundación Prolibertas se hace cargo de este comedor, incluyendo además los servicios de ropero, ducha y aseo personal.

Según el director de Prolibertas, Antonio Aurelio Fernández, en los últimos años ha crecido el número de personas que acuden diariamente a comer pese a tener una casa y a estar cobrando una prestación, que en la mayoría de los casos “da lo justo para pagar la luz y el agua”. A las personas que viven en la calle y que no tienen un techo bajo el que vivir, se les da servicio de ropero y de ducha, además de facilitarles maquinillas de afeitar y de ofrecer cortes de pelo a precios casi simbólicos. A estos se les exige como única condición para poder hacer uso del comedor, que presenten una imagen aseada.

El primer paso a seguir una vez que una persona decide pedir ayuda, es abrirle una ficha en la que se incluyen todos sus datos. Fernández explica que se les pregunta si tienen prestación, si es afirmativo, de cuánto, si tienen familia, si viven en la calle… todo ello para poder crear un perfil que ayude a “distinguir a los necesitados de los aprovechados”, porque con los tiempos que corren muchas personas han hecho uso de la picaresca para poder comer.

Sería injusto, explica el director de Prolibertas, que mientras personas con casa y trabajo comen en el comedor, otras sin ningún tipo de recurso se queden fuera, por ello es necesario completar un exhaustivo formulario.

Con el aumento de la demanda social, el comedor se hace cada vez más pequeño. Hay días que sus casi cien plazas no dan abasto para tantas personas, aunque esto no significa que se queden sin comer, señala Fernández, porque a aquellos que no consigan entrar dentro del cupo se les hace entrega de una bolsa con un bocadillo y una pieza de fruta. Como esta situación se está repitiendo cada vez más se ha hecho necesario repartir turno de números, porque físicamente no tienen más espacio. Además del comedor, se han habilitado mesas en los patios del exterior y en los pasillos con la idea de atender al mayor número de personas posible.

El día a día en el comedor de los Trinitarios siempre es el mismo. Aunque el horario de la comida siempre es a las 13.00 horas, llama la atención que una o incluso dos horas antes ya hay gente en la puerta esperando. A las 12.30 comienzan a repartirse los turnos. Para que todo esté preparado a su hora es necesario un gran trabajo que diariamente realizan los voluntarios que colaboran con Prolibertas.

Desde hace 22 años, Antonia García, hermana trinitaria, manda en los fogones de la cocina de este comedor social. Cada día elabora un primero y un segundo en unas ollas de dimensiones industriales y según comenta, el día de antes ya tiene en mente lo que se va a comer al día siguiente. “Con el frío que está haciendo estos días se están preparando más platos de cuchareo, porque a ellos les gusta más y agradecen tomar algo calentito”, explica la hermana, el alma mater de esta cocina. Antonia ha visto muchos casos durante todos estos años. Emocionada recuerda a algunas de las personas que han pasado por el comedor y como algunos han cambiado su vida. De otros no ha vuelto a saber nada.

El resto del trabajo se lo reparten entre una decena de voluntarios, mayoritariamente mujeres, que son las encargadas de colocar los platos, cubiertos, pan y servilletas por las mesas y de repartir la comida. La actividad no para en ningún momento.

El comedor desarrolla principalmente un programa de atención a personas en riesgo de exclusión social para personas sin hogar y que carecen de lo más mínimo para poder vivir con dignidad, explica el director del comedor Eduardo García. En los últimos años, cuenta, ha visto aparecer nuevos perfiles diferentes a los de antes, en los que solo se veía en la calle a drogadictos y alcoholicos. Ahora acuden al comedor inmigrantes que antes tenían trabajo y ya no, o familias completas que solicitan ayuda para poder dar de comer a sus hijos.

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Posted in: Crisis